Mientras dan las nueve, Leo Perutz.

Sólo sus ojos caminaban, sus ojos vivían. Sus ojos deambulaban sin descanso por las calles de la ciudad, pasaban volando sobre jardines y plazas, se sumergían en el efervescente torbellino de lo cotidiano, se precipitaban escaleras arriba y abajo, se deslizaban por salones y garitos, se aferraban todavía  a la incansable vida del día en eterno movimiento, jugaban, mendigaban, peleaban por dinero y por amor, saboreaban por última vez la dicha y el dolor, la alegría y el desencanto, se agotaron y se cerraron. Leo Perutz.

Leo Perutz

Leo Perutz forma parte de  un selecto club constituido por escritores brillantes aunque  totalmente (o casi) desconocidos en nuestro país. Pese a haber gozado de un notable reconocimiento a principios del S.XX, actualmente la presencia literaria de Perutz tiende a cero. Este factor no debería permitirnos caer en la tentación de olvidar y menospreciar la obra de este escritor checo, pues en ella se encuentran algunos de aquellos rasgos que hacen de la literatura una experiencia de orden superior.

Stanislaus Demba: ¿Héroe o antihéroe?

El diccionario de la Real academia de la lengua española define los términos “héroe” y “antihéroe” de la siguiente manera:

Héroe: «Varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes.»

Antihéroe: «En una obra de ficción, personaje que, aunque desempeña las funciones narrativas propias del héroe tradicional, difiere en su apariencia y valores.»

Presente dicha definición, observemos al protagonista de Mientras dan las nueve.

Stanislaus Demba es un intelectual de tercera clase que malvive en una diminuta buhardilla compartida con un compañero al que apenas ve. Sus pírricos ingresos provienen de realizar traducciones de poca monta y de ejercer como profesor particular. En su vida de intelectual de tercera, nada hay que pueda inducir al conflicto, salvo un hecho: debe competir por el amor de la bella Sonja con el joven, acaudalado y elegante George Weiner, el  cual ha prometido a ésta un fastuoso viaje por Italia. Al inicio de la novela, poco se sabe sobre la personalidad de su protagonista. Es cierto que pese a su situación de inferioridad con respecto a George Weiner, se muestra orgulloso, pues no acepta la derrota y pretende encontrar los medios suficientes para sufragar el viaje a Italia y, de este modo, arrebatarle a Sonja. Pero lo que cabe destacar es que el personaje creado por Perutz se presenta como un sujeto  insólito, que se conduce de forma poco común  y cuyo rasgo distintivo principal es su reticencia a mostrar las manos. ¿Por qué esconde las manos? ¿Qué ha hecho Demba? Esa es la pregunta que recorre la mente durante la lectura de las primeras páginas de la novela. Una pregunta que no tardará en ser resuelta:

«He vendido tres libros de la Biblioteca de la Universidad a un anticuario. Es decir, sólo he vendido dos de ellos. El tercero lo entregué esta mañana por nada».

Demba es, por tanto, un criminal; un ser que, llevado por su orgullo y una vez agotadas todas las vías legales para conseguir su fin, no se detiene ante nada. Es esta osadía, este ejercicio de carácter y arrojo, lo que lo transmuta de antihéroe a héroe. Si, es cierto que fiel a su naturaleza (Demba es el arquetipo perfecto del perdedor) no idea, siquiera, un crimen glorioso; su crimen es repudiable más por su ridiculez y bajeza -¡robar libros de una biblioteca!- que por resultar lesivo. Pero, hasta en su ridiculez existe brillantez; la novela se encuentra plagada de escenas que pueden –precisamente por presentar una escena ridícula- mover a la risa, que rozan el surrealismo y que se resuelven gracias al ingenio sobrenatural de un protagonista tan brillante y cínico como para exclamar:

«-¡No es guasa! Es un hecho estadístico de sobra conocido, que el cero coma cero, cero, uno por mil de la población se compone de analfabetos. Ese cero como cero, cero, uno por mil soy yo.»

Bien, entonces  ¿Demba es un héore? Sí, pero sólo por momentos. Lo interesante de este personaje es, precisamente, su variabilidad; crece como personaje a lo largo de la novela, se puede mostrar brillante y divertido, pero también puede ser incauto e insultante. Mas, para ilustrar y explicar cómo éste es un personaje vivo, volvamos a preguntar «¿Qué ha hecho Demba?». Ha robado unos libros de cierto valor de la biblioteca, de los cuales ya ha conseguido vender dos a un viejo anticuario. Durante la venta del tercer volumen es sorprendido y esposado por la policía en casa del anticuario. Desesperado, Demba huye a través del edificio y se encierra en la buhardilla. Allí queda atrapado. La policía lo espera tras la puerta atrancada y él sólo vislumbra la ventana como vía de escape. Finalmente, mientras el reloj de la iglesia da las nueve, se lanza por la ventana y, milagrosamente vivo aunque algo lastimado, emprende su huida. El intelectual de tercera, el perdedor, el ruin, se descubre durante la huida como un virtuoso del engaño. Pero pronto se cansa de luchar:

«Yo quise la libertad. Con cada fibra de mi cuerpo, Steffi, pero me he cansado, y ahora sólo quiero una cosa: descansar.»

Y es que el héroe se deja vencer por el antihéroe, la virtud se doblega ante un carácter arbitrario y frágil. La conducta particularmente caprichosa y débil de Demba queda atestiguada cuando, tras imponerse a George y conseguir la atención de Sonja, repara en lo siguiente:

«Demba miró asombrado a Sonja. ¿Qué le había ocurrido para que durante todo el día hubiera corrido de un lado a otro, mentido, robado y mendigado sólo por esta chica? Estaba ante él y no vislumbraba en ella nada que le pudiera hacer feliz o entristecer; era suya, pero no sentía nada, ni orgullo ni la maravillosa intranquilidad de la posesión ni el miedo a perderla. Estaba cansado de ella.»

Demba es un Odiseo que tras llegar a Ítaca cae en la cuenta de que Penélope no lo atrae ni un ápice. Un héroe común (disculpad el oxímoron) y un antihéroe inusitado: un ser capaz de las mayores hazañas en los momentos de mayor necesidad y de las mayores bajezas en cuanto se lo proponga. Es divertido, insultante, audaz y violento. ¡Demba es una delicia para el lector!

Apunte: No he querido hacer referencia alguna al final de la novela. Si bien es cierto que el recurso del que se sirve Leo Perutz está demasiado visto y no resulta, por previsible, demasiado impactante ni sorprendente, respeto que todo aquél que haya llegado a este comentario sin haber terminado la lectura de la obra tiene derecho a sorprenderse (o no).

por

«Kratkosk» y «Tonkost»

No quisiera cerrar este comentario sobre Mientras dan las nueve (o comentario, más bien, sobre el protagonista de Mientras dan las nueve) sin hacer referencia a un aspecto concreto de la escritura de Leo Perutz. En la página sesenta y cinco de la novela, Demba se encuentra con Miksch, un grisáceo trabajador de banco que se da ínfulas de gran prohombre de Viena, pero que no consigue engañar a nadie. Exasperado ante la lentitud y torpeza intelectual de Miksch, Demba estalla:

«– Va usted a lograr que me irrite aún más su maldita falta de fantasía. Hay que explicarle todo con un gran lujo de detalles.»

Demba se irrita porque no soporta tener que contarlo todo detalladamente. Aunque, quizá, el que se irrita en esta escena no sea Demba, pues el enfado puede provenir del mismo Leo Perutz que, irritado con un lector impaciente que le pide todas las respuestas, exclama:

«– Va usted a lograr que me irrite aún más su maldita falta de fantasía. Hay que explicarle todo con un gran lujo de detalles.»

Kratkosk y Tonkost, eran para Pushkin los sostenes de la prosa. Es decir, la prosa debe ser concisa y precisa. Parece ser que Perutz tenía muy interiorizados dichos principios al escribir Mientras dan las nueve , porque , a excepción de un final demasiado revelador y condescendiente con el lector, el resto de la novela transita exactamente como y por donde debe transitar. El lector, ansioso de respuestas, las recibe, sí, pero solo cuando debe recibirlas, manteniendo así la precisa cantidad de intriga y misterio necesaria para seguir con interés las evoluciones de Demba.
No hay en Mientras dan las nueve grandes tragedias ni profundas pasiones, sus personajes, salvo el protagonista, no son profundos, de hecho, resultan bastante insignificantes. Perutz no pretende alcanzar una dimensión trágica, no necesita de grandes artificios narrativos ni grandes escenas impactantes, pues es uno de esos escritores capaces de construir una gran novela con muy poco y, con ello, dar toda una lección sobre literatura.


Datos del libro Título: Mientras dan las nueve.
Autor: Leo Perutz.
Editorial: Destino.

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