Os cus de judas, António Lobo Antunes.

«Os lo aseguro, buenas y pobres gentes, gilipollas, infelices, baqueteados por la vida, desollados, siempre empapados de sudor, os aviso, cuando a los grandes de este mundo les da por amaros, es que van a convertiros en carne de cañón… Es la señal… Infalible».
Louis-Ferdinand Céline

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António Lobo Antunes

Cuando Lobo Antunes embarcó para Angola desconocía que la guerra ultramarina portuguesa significaría, además de un punto de inflexión en la historia portuguesa del siglo XX, un giro en su literatura -en la suya, todavía por explotar, y en la de su país-.
La denominada guerra ultramarina portuguesa, que enfrentó al Estado Novo luso y a sus colonias -provincias, las denominaban-, marcó el final del sueño imperialista portugués.
En un período marcado por la descolonización de las potencias europeas,  Salazar y su República Corporativa, en un arranque mitómano, se negó a abandonar sus provincias ultramarinas. Esta decisión enfrentó al Estado Novo con toda la comunidad internacional; Salazar, orgulloso de su terquedad, afirmaba que Portugal no es pequeño, empieza en el Minho y acaba en Timor.
Más de diez años duró el empecinamiento salazarista (1961-1974). Miles de soldados embarcaron y cruzaron medio mundo para llegar a un lugar que nada tenía de patria u hogar, para luchar por un estado que nada tenía de patria o de hogar.
Un 6 de enero de 1971, con apenas 29 años y recién casado con su primera esposa, António Lobo Antunes embarca hacia Angola. Veintisiete meses estuvo allí. La guerra, en cambio, no terminó nunca ni para él ni para toda su generación; germinó en su interior, convirtiéndose en el horizonte primordial de gran parte de la obra de uno de los pocos genios literarios vivos.

La guerra alucinada y la construcción del yo

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Lobo Antunes en Angola

La narrativa de Lobo Antunes discurre por un espacio en el que biografía y ficción se confunden. En sus primeras obras (Memória de Elefante, Os cus de Judas y A explicação dos pássaros) la vida del escritor portugués establece el espacio de posibilidades; todo lo narrado parte de y se asemeja a lo vivido. Además, la utilización de un narrador en primera persona muy cercano a la figura del escritor -ese Yo que, erigido casi en un nombre propio, retumba a lo largo de todo Os cus de Judas es, biográficamente, casi Lobo Antunes- incita a la identificación entre narrador y autor. Mas, hacerlo sería un error. La obra, y no el autor, es el centro.
Ciertamente, resulta tentador desvelar toda la tramoya que se esconde tras esos artilugios narrativos, pero hacerlo es fastidiarle el truco. El escritor es un simple artesano del engaño que trama y compone, con elementos extraídos de la realidad y de su propia invención, una verdad ficticia que tiembla ante la osadía del lector anhelante de chisteras con doble fondo e hilos invisibles. La ilusión biográfica de Os cus de Judas es solo eso, truco de birlibirloque. No hay realidad fáctica tras sus palabras ni una línea temporal fiable. Hay, en cambio, una realidad literaria que se encuentra más cerca de la verdad que todos los hechos probados.
«El hombre es un novelista de sí mismo», escribía Ortega y Gasset y toda la narrativa contemporánea es producto de ese hombre que se escribe y que, haciéndolo, se comprueba y se crea a sí mismo. La literatura post-joyceana ha cambiado la narración de una aventura por la aventura de una narración. Sin embargo, la novela como objeto de creación no ha quedado estancada en la narración como elemento constituyente del sujeto, ha devenido también en el arte que permite encontrar, parafraseando a Rezzori, «una forma creíble de inventar la realidad».

En la trilogía inicial de Lobo Antunes nada sucede, pues todo ha sucedido ya. Las libros versan sobre el pasado y, debido a ello, comparten una estructura temporal similar: el presente, desde donde se lleva a cabo el acto de narrar, está delimitado (el transcurso de una noche de Os cus de Judas, el trayecto en coche hasta Aveiro en Acerca de los pájaros o ese día proustiano de Memória de Elefante) y desde él se despliega, eterno, el pasado.
En el caso de Os cus de Judas, el presente es «little more than the past’s psychic scar»[1]. La herida concede a la narración un halo traumático; los hechos se desfiguran y adoptan un aire onírico y barroco. Geografía y tiempo se tornan confusos; Portugal se vuelve un país «desajeitado e agonizante», Europa se dibuja «repleta de furúnculos de palácios de pedras de bexiga de catedrais» y la vivencia de la guerra es deformada en el mismo acto de narrar la vivencia de la guerra. No hay rastro de testimonio ni pretensión de objetividad, solo alucinación y exploración, o mejor dicho, exploración alucinada del subconsciente de una generación marcada por la guerra:

«Outro vodka? É verdade que não acabou o meu mas em este passo da minha narrativa perturbo-me invariavelmente, que quer, foi há seis anos e perturbo-me ainda: descíamos do Luso para as Terras do Fim do Mundo, em coluna, por picadas de areia, Lucusse, Luanguinga, as companhias independentes que protegiam a construção da estrada, o deserto uniforme e feio do Leste, quimbos cercados de arame farpado em torno dos pré-fabricados dos quartéis, o silêncio de cemitério dos refeitórios, casernas de zinco a apodrecer devagar, descíamos para as Terras do Fim do Mundo, a dois mil quilômetros de Luanda, janeiro acabava, chovia, e íamos morrer, íamos morrer e chovia, chovia, sentado na cabina da camioneta, ao lado do condutor, de boné nos olhos, o vibrar de um cigarro infinito na mão, iniciei a dolorosa aprendizagem da agonia».

Dicha exploración alucinada arroja un individuo en plena crisis de identidad – «eu virado apátrida na minha terra»–. El origen de dicha crisis es el «knowledge acquired on the frontier and from their progressive inability to accept the physical and / or imaginary limits imposed by imperial power»[2]. El narrador es, así, un sujeto bastardo que, víctima de una vivencia alienadora, es incapaz de re-identificarse con la patria y su gloriosa historia.

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Lobo Antunes en Angola

Adriana Alves de Paula Martins escribe: «the doctor’s trip to Angola is not voluntary and it is faced, from the very beginning, as a transition from childhood to adulthood, assumption that confers on the trip to the Ultramar an important epistemological dimension on the individual level. This dimension ironically reflects the protagonist’s aunts’ hope that the war could transform him into a man».
¿Es Os cus de Judas, a tenor de lo mencionado, una suerte de Bildungsroman? Difícilmente se podría llegar a afirmar tal cosa. Cierto es que hay un esfuerzo por reconstituir a toda una generación, la de aquellos a los que la vivencia de la guerra les enterró en vida, la de aquellos jóvenes que deberían haber regresado «hechos un hombre», pero que tras salvarse de la aniquilación, debieron «convocarse de nuevo para comprobar qué es lo que [se] puede recuperar de los escombros que ha dejado la guerra tras de sí»[3].
En la novela, el narrador se convoca y recupera el pasado, mutando en «novelista de sí mismo»: todo lo narrado es semilla para el desarrollo del sujeto que, mientras narra, se hace. La figura del «novelista de sí mismo» es de suma importancia, pues, en la obra de Lobo Antunes, la construcción del sujeto no se alcanza gracias al acontecimiento de unos hechos–«Yo trabajo con las palabras. Las historias me importan un pito», dice el escritor-, se logra a través del lenguaje en una suerte de ejercicio de autognosis. Y es este el mayor reto (y paradoja) de su literatura: hacer inteligible lo ininteligible y construir con palabras aquello que antecede al lenguaje.

Los libros del escritor portugués son dignos de Sísifo. En cada uno de ellos, se toma conciencia del absurdo: la imposibilidad de llegar al sustrato de la identidad y de las emociones frente a la insistencia del autor por conseguirlo.
Lo absurdo sella, en primera instancia, el estilo de sus obras, ese «alambique retórico, acumulación de adjetivos y comparaciones, atasco de sintagmas», que siendo uno de los mayores atractivos de su literatura, es también algo más: una solución formal ante un obstáculo y una respuesta moral ante una condena.
En segunda instancia, la paradoja es también el elemento constituyente de la naturaleza de sus novelas. Éstas son, en esencia, narraciones puramente simbólicas, donde la fuerza de la representación nace de la escritura «abalada nas suas estruturas, quebrada na sua organicidade canônica, fragmentada, desestruturada, tal como esse mundo arrasado que era preciso soerguer dos escombros». El símbolo, la palabra, la representación ficcional –«drástica e dolorosa», escribe Moutinho- es la victoria dentro de la: escribir, y hacerlo como Lobo Antunes lo logra, es una lección frente a la escritura y la vida. Porque: «hay derrotas, ¿entiende?, que uno siempre puede transformar, por lo menos, en victoriosas calamidades».

Contra el Imperio y su relato

«Los traidores pueden decir que utilizando zapatos apretados se bailan danzas nuevas, por eso los traidores dicen que apretando por la censura se pueden escribir cosas nuevas Pero la censura conduce a la mayor enfermedad de un hombre: la esclerosis del pensamiento y la escritura» 
José Cardoso Pires

El lenguaje deconstruye la experiencia; la reforma y reviste a su antojo. Sus creaciones, historia y/o relato, portan además grandes implicaciones ideológicas. Así, conformista e instrumentalizada, hubo una literatura salazarista que devino herramienta de dominación y destrucción de la generación del 70 (eminentemente universalista y representada por la figura de Eça de Queiròs). Esta literatura estableció los límites de qué y cómo se podía escribir sirviéndose de una censura natural: la connivencia del silencio.
Instrumentalizada en grado sumo, la literatura del régimen hacia apología discreta de los valores nacionalistas: «Tal como aqueles que reclamam estar do lado certo da história, os autores do nacionalismo não se apresentam como tal: aquilo que escrevem não é propriamente da sua autoria, são antes intérpretes, porta-vozes de algo superior a eles próprios, um universal que os ultrapassa».
Enemigos de la modernidad, los autores se enquistaron en formas anquilosadas y reaccionarias, adueñándose del panorama intelectual portugués durante más de cuarenta años. Mas, una vez derrocado el régimen en 1974, la nueva literatura encuentra «a possibilidade de tematizar, sem limites, tudo quanto até ali fora proibido». La libertad y la democracia abrieron la puerta a nuevas formas de expresión.

Os cus de Judas, publicada en 1979, parte de la visión etnocentrista típica de cualquier imperialismo –África como el culo del mundo, el enemigo como un ente difuso y no como un individuo- con el fin de socavar esa misma construcción del mundo. El narrador reniega de su nación y herencia: «Recuso que seja este o meu país, eu que sou homem de tantos sangues misturados por um esquisito acaso de avós de toda a parte, suíços, alemães, brasileiros, italianos, a minha terra são 89.000 quilômetros quadrados com centro em Benfica na cama preta dos meus pais, a micha terra é onde o Marechal Saldanha aponta o dedo e o Tejo desagua, obediente, à sua ordem, são os planos das tias e o espectro de Chopin a flutuar à tarde no ar rarefeito pelo hálito das visitas, o meu país, Ruy Belo, é o que o mar não quer».
El autor hace uso de la narración fragmentada -uno de sus sellos de identidad-. La voz que habla es incapaz de hilvanar un relato lineal, progresivo y tradicional. Dicha discapacidad es un torpedo dirigido hacia el edificio de la leyenda imperialista: no hay mito ni héroe ni patria ni bandera suficientemente grande como para hacer entender a toda una generación de jóvenes qué demonios se les ha perdido en la guerra:

«A cada ferido de emboscada ou de mina a mesma pergunta aflita me ocorria, a mim, filho da Mocidade Portuguesa, das Novidades e do Debate, sobrinho de catequistas e íntimo da Sagrada Família que nos visitava a domicílio numa redoma de cidro, empurrado para aquele espanto de pólvora numa imensa surpresa; são os guerrilheiros ou Lisboa que nos assassinam; Lisboa, os americanos, os russos, os chineses, o caralho da puta que os pariu cominados para nos foderem os cornos em nome de interesses que me escapam, quem me enfiou sem aviso neste Cus de Judas de pó vermelho e de areia, a jogar as damas com o capitão idoso saído de sargento que cheirava a menopausa de escriturário resignado e sofria do azedume crónico da colite, quem me decifra o absurdo disto, as cartas que recebo e me falam de um mundo que a lonjura tornou estrangeiro e irreal, os calendários que risco de cruzes a contar os dias que me separam do regresso e apenas achando à minha frente um túnel infindável de meses, um escuro túnel de meses onde me precipito mugindo, boi ferido que não entende, que não entende, que não logra entender e acaba por enterrar o triste focinho molhado nos ossos de frango com esparguete do rancho, do mesmo modo, percebe, que aqui, na sua companhia, me sinto cavalo de narinas enfiadas na alcofa de vodka, mastigando o feno azedo do limão

En esos fragmentos de angustia y de dolor que 1146522_579549972091207_1022318696_nson sus palabras, el narrador habla de lo que no se puede hablar. Se enfrenta también a la autocensura y al desinterés por la guerra del Portugal posterior al 25 de abril. Un país que no «queria ouvir falar daquelas situações de isolamento, emboscada, bombardeamento de napalm, cabeças cortadas. Incomodava os que cá ficaram e nada sabiam e os que de lá tinham voltado», escribe el poeta y político portugués, Manuel Alegre.
Consciente de la ceguera lisboeta, el escritor portugués escribe a la contra, rebelándose: «Porque camandro é que não se fala nisto? Começo a pensar que o milhão e quinhentos mil homens que passaram por África não existiram nunca».

Su libro termina siendo el reverso de esas cartas -él escribió cientos- que los soldados enviaban a sus familias. Cartas escuetas, finalizadas con un «tudo vai bem, mae», pero escritas con la esperanza de que los demás «compreendessem o que não podia dizer por detrás do que eu dizia e que era o Caralho caralho caralho caralho caralho».
Lobo Antunes siempre ha querido ser la pluma de aquellos que no pueden hablar. Por ello, la voz de Os cus de Judas es la de todos aquellos «jovens de 20 anos, analfabetos, que dependiam dos companheiros para poder escrever à família ou para arranjar correspondência com madrinhas de guerra.»


Notas

[1] «Politics and the Novel in South of Nowhere and The Inquisitors’ Manual». William Deresiewicz,Yale University.

[2] «Haunting Imperial representations into dialogue: Os Cus de Judas by António Lobo Antunes and Waiting for the barbarians by J.M. Coetzee». Adriana Alves de Paula Martins. University in Viseu.

[3] «Figurar la guerra. Sujeto y estilo en Os cus de Judas de António Lobo Antunes». Víctor Escudero. Revista IBEROAMERICANA. América Latina – España – Portugal. Vol. 12, Núm. 47 (2012).


Bibliografía

ALVES DE PAULA MARTINS, Adriana. «Haunting Imperial representations into dialogue: Os Cus de Judas by António Lobo Antunes and Waiting for the barbarians by J.M. Coetzee».

DERESIEWITCZ, William. «Politics and the Novel in South of Nowhere and The Inquisitors’ Manual». Yale University.

DUARTE BERNARDES, Joana Duarte. «História e memória na ficçao post-modernista portuguesa. Os cus de Judas e As naus de António Lobo Antunes».  – CLP/FLUC (Centro de Literatura Portuguesa – Faculdade de Letras da Universidade de Coimbra)

ESCUDERO, Víctor. «Figurar la guerra. Sujeto y estilo en Os cus de Judas de António Lobo Antunes». Revista IBEROAMERICANA. América Latina – España – Portugal. Vol. 12, Núm. 47 (2012).

MOUTINHO, Isabel. «Writing the war and the man in the first novels of António Lobo Antunes». La Trobe University, Australia.

RODRIGUES DE PAIVA, José. «Revolução, renovação: Caminhos do romance português no século XX».

TRINDADE, Luís, «O Estranho Caso do Nacionalismo Português», Imprensa de Ciências Sociais.

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